miércoles, 18 de enero de 2012

Juan Luis Panero en las X Jornadas Poéticas de la Asociación Colegial de Escritores de Cataluña

Entre 16 y 18 del pasado mes de noviembre, la Asociación Colegial de Escritores de Cataluña celebró sus X Jornadas Poéticas. Juan Luis Panero inauguró el certamen ofreciendo un acercamiento a su poesía a través de sus escritores favoritos. Siempre es un placer escucharle.
Asociación Colegial de Escritores de Cataluña

domingo, 15 de enero de 2012

"Escogiendo un lector", de Ted Kooser

A sugerencia de "gatoflauta":

ESCOGIENDO UN LECTOR

En primer lugar, me gustaría que fuera guapa,
y que caminara cuidadosamente sobre mi poesía
en el momento más solitario de la tarde,
su cabello por el cuello húmedo todavía
de lavárselo. Debería llevar puesto
un impermeable, uno viejo, sucio
por no tener bastante dinero para llevarlo al tinte.
Sacará las gafas, y allí,
en la librería, hojeará
mis poemas, luego pondrá el libro
en la estantería. Y se dirá a sí misma:
"Por este precio, puedo llevar
mi impermeable a la tintorería". Y lo hará.


                                       Ted Kooser
                                       Traducción de Hilario Barrero


Hilario Barrero, Lengua de madera. Antología de poesía breve en inglés, Sevilla, La Isla de Siltolá, 2011.

viernes, 13 de enero de 2012

LENGUA DE MADERA: lo bueno, si breve, dos veces bueno.

Una vez terminada la lectura de Lengua de madera (La isla de Siltolá), de Hilario Barrero, dan ganas de volver a las primeras páginas y empezar de nuevo. Porque no hay poema en esta antología de poesía breve en lengua inglesa (de 300 páginas) que no sea un descubrimiento, un fugaz chispazo de buena poesía. A través de la selección podemos aprender dos cosas del autor: primero, que es un lector paciente y perseverante, ya que se nota que le ha llevado un largo tiempo de trabajo: sobre la recopilación, prácticamente no falta autor de renombre, y la traducción, estando sujeta al original, no está encorsetada; y, segundo, posiblemente estamos ante uno de los mejores conocedores de la poesía norteamericana contemporánea, que es el grueso del volumen. Muchos son los poemas a destacar, pero me decido por un bonito fogonazo de Jack Gilbert:

EN DESPRESTIGIO DE LA POESÍA

Cuando al rey de Siam no le gustaba un cortesano
le regalaba un hermoso elefante blanco.
La milagrosa bestia merecía tal ritual
que cuidarla correctamente significaba la ruina.
Pero cuidarla incorrectamente era peor.
Y parece que el regalo no se podía rechazar.

                                               trad. de Hilario Barrero


Hilario Barrero, Lengua de madera. Antología de poesía breve en inglés, Sevilla, La Isla de Siltolá, 2011.

domingo, 8 de enero de 2012

Josefina Martínez Álvarez presenta a José Luis García Martín

    Les dejo la presentación que Josefina Martínez, Catedrática Emérita de Lengua Española de la Universidad de Oviedo y Directora de la Cátedra Alarcos, realizó sobre el último libro de José Luis García Martín, Arena y nada, el 21 de diciembre en el Club de Prensa de La Nueva España.            


Presentación de Arena y nada, de José Luis García Martín
                                                                                                                                                                                                                                   
Decía el rabino de Carrión, D. Sem Tob, en sus  Proverbios Morales, allá por las postrimerías del siglo XIV  “Pues que aquella rueda / del cielo una hora / jamás está queda / peora e mejora”. En versión actual: "Puesto que la rueda del cielo no está jamás queda una sola hora, sino que empeora o mejora…"
Y dice la copla, menos académica, pero íntimamente arraigada en la vida cotidiana: "Cómo han pasado los años / las vueltas que da la vida / y aquí estamos frente a frente / como dos adolescentes / como la primera vez."

Cuarenta años han pasado desde aquella primera vez cuando aterrizaba en la Facultad de la Plaza de Feijoo, un muchacho delgadillo, tímido (como lo es ahora, pero sin la coraza epidérmica que con el tiempo se fue labrando), de mirada inquieta y burlona, pelo y barba cumplida y ademán sosegado; y una muy joven profesora, aprendiz de filóloga, con decidida vocación docente, se aplicaba en mostrar a sus alumnos, con mayor o menor éxito, la maravilla variopinta de la lengua, el fluir incesante de ese río, desde sus orígenes hasta la desembocadura, escrudiñando en el funcionamiento y vericuetos de la lengua española.

Este jovenzuelo de que les hablo, un punto insolente, que incordiaba y sacaba de quicio a muchos colegas, era un buen estudiante, ávido de saberes, curioso por conocer el mundo desplegado y amplio de la literatura.
Estaba claro que su entusiasmo por la cosa lingüística era más bien escaso; él era un estudioso de la literatura y ya escribía poemas; “adolescentes poetas posados ante él como estorninos en los alambres de telégrafo”. Así llamaba Dámaso Alonso en un poema a los alumnos interesados exclusivamente por la literatura. La yod, la metafonía inducida por las vocales finales, la distribución de las palatales laterales en la Península, la proclisis o enclisis del artículo… (¿a quién pueden emocionar, sino al adusto filólogo, esas criaturas desvalidas y tristes que son los fenómenos lingüísticos?
Sin embargo a José Luis, el alumno de esta remembranza no le eran ajenas las consideraciones de que la lengua ha sido siempre el gran instrumento de conocimiento, de expresión, de influjo voluntarista del hombre, que es hombre desde que es un ser que habla.
La profesora bisoña de entonces, la que hoy les habla, y Alarcos de quien también fue alumno, siempre se percataron de que García Martín era un alumno singular, inteligente, maduro, de gran sensibilidad, con las ideas muy claras y decisiones muy precisas sobre el futuro. A buen seguro que él era consciente de esta simpatía alarquiana.

 (García Martín conversando con Alarcos en presencia de Ángel González, Carlos Iglesias, Martín López-Vega y Javier Almuzara. Foto: Mario Rojas)

Una vez terminada la licenciatura, no perdió tiempo: sin descanso “nulla dies sine   línea”, fue avanzando por la docencia: primero ganó las oposiciones de Literatura española en la Escuela de Magisterio, después en la Facultad. Y como los designios del Hado son imprevisibles, el poeta en ciernes de aquellos años 70, equilibrado producto de opuestos y complementarios, la fusión fortuita de los dos metales, uno vil y otro noble que dice Sem Tob: tierno y cruel, moderado e insolente, circunspecto y frívolo, solidario y egocentrista, humilde y prepotente, conciliador y dogmático, celoso de su intimidad y osado con la ajena en aras de juegos de ingeniosa frivolidad, estaba destinado de por vida a convivir con los Alarcos. Ya en la Facultad del Milán compartimos aula y alumnos, transitamos los mismos espacios y ocupamos despachos contiguos. Y en el 98 ocurrió lo fatal y desde entonces José Luis me animó, me ayudó y se convirtió en el editor fiel y amoroso de la obra literaria dispersa de Alarcos.
Y hace 14 años que oficiamos juntos ante el mismo público y en los mismo escenarios, cuasi como pareja de hecho y como tal discutimos a diario, discrepamos, nos acaloramos, y al día siguiente, si no aparece por el despacho lo echo de menos. Nadie conoce a José Luis mejor que yo y por eso lo quiero, y lo admiro con las virtudes de sus defectos y los defectos de sus virtudes.
Sin ningún desánimo, puesta la mira en la difusión de sus enseñanzas dentro y fuera del aula, sordo a los cánticos de las sirenas de los cargos directivos académicos, desarrolla una labor docente plural e intensa, explicando literatura española no sólo en la Facultad, sino en cualquier lugar del ancho mundo a donde le inviten, prestando desinteresada y animosamente, su juicioso criterio literario a quien haya menester.


La capacidad de trabajo de José Luis es aún más sorprendente si consideramos otras actividades suyas que pudiéramos llamar periféricas, pero que exigen tiempo y tiempo: tertulias, viajes literarios, presentación de libros, colaboración periódica en suplementos literarios, cursos, conferencias, seminarios, recitales poéticos en diferentes países y entidades; dirige la revista Clarín, que él fundó, y con asidua eficacia consigue que salga a la luz casi con la puntualidad de los diarios. Vive por y para la literatura en todas sus manifestaciones.
No le falta habilidad dialéctica para la polémica, ni capacidad para manejar la paradoja y la ironía, que puede levantar en los antagonistas desasosiego y malestar… Se pregunta uno de dónde saca tantas horas si además le sobran para departir con amigos, colaboradores y discípulos. Hay que pensar, como decía Unamuno, que las horas de García Martín son cúbicas y por tanto tienen más de 200.000 minutos cúbicos.
Nuestro pasmo crece al ojear sus publicaciones: obra poética propia, estudios sobre poesía española contemporánea, libros de viaje, ediciones y prólogos, diarios, relatos autobiográficos, etc… La calidad no es inferior a la cantidad: talento literario, agudeza de ingenio, brillantez expositiva y pertinaz tesón son los rasgos  que informan toda su obra.


Y ahora este penúltimo libro, espléndido,  “Arena y tiempo”, un compendio de recreaciones y variaciones sobre poemas de autores reales, más o menos conocidos, y de tradiciones bien definidas como el haiku o la poesía nórdica irlandesa, ordenados en series precedidas de un prólogo, todo ello producto del bagaje inmenso de lecturas de José Luis (hojea 6 libros al día y sólo lee 2).
En algunos casos se trataría del género etiquetado como literatura apócrifa, recurso literario bien conocido, por el que se atribuyen imaginariamente a los autores a quienes se trata de imitar, las propias creaciones personales, en un hábil y audaz ejercicio de suplantación de los poemas originarios emulados, por verosímiles falsificaciones literarias que, a veces, se hacen pasar por presuntas traducciones.
El libro cuenta con antecedentes bien señeros en la literatura española de todos los tiempos. Recordemos como más cercano el libro de Víctor Botas Segunda mano y hacia atrás los juegos imaginativos más complejos, desde Max Aub hasta Borges.
Lo he leído y releído y lo he disfrutado enormemente. Empezando por el magnífico prólogo “La biblioteca imaginaria” hasta el último haiku no tiene desperdicio. La B.I. es una brevísima pieza literaria deliciosa; un relato autobiográfico ficcionado, donde literatura y vida se funden en una suerte de metáfora, lirismo y humor regocijante.


Los poemas son de un poeta muy maduro, muy consciente de su senda, desprovisto de resonancias miméticas, que insiste en la búsqueda constante de la verdad profunda del ser en sus oscuras galerías, valiéndose de las palabras, herramienta sutil que da nombre a las cosas (G.M.).
Los  comentarios que acompañan a cada serie son verdaderos poemas en prosa,  como los movimientos de una sinfonía bien modulada y en su conjunto constituyen una auténtica Poética, donde poeta y crítico se mueven a sus anchas, diciendo lo mismo y lo contrario, reflexionando sobre el proceso creador, la verdad que subyace a toda ficción, a la literatura, el sentido de la vida y de la muerte, el amor, la soledad, el dolor…
Cualquier poema no es más que el borrador de un poema. La versión final corresponde al lector, dice García Martín. Sin embargo, aunque es cierto que si la poesía no se comunica no existe, aunque no se difunda, el producto del proceso creador tiene siempre un destinatario: el propio poeta, que solo se entera verdaderamente de su mensaje -mejor, de su descubrimiento- ante el poema concluso e inevitable. El poeta trata de aclarar para sí mismo la experiencia. Si otros lectores y no solo el poeta reconstruyen el proceso de este descubrimiento, miel sobre hojuelas.  Pero la poesía está ahí, en el poema, en las insustituibles palabras del poema.


Es hora de que nos hable el autor, que es el protagonista del festejo. Cuando J. L. me invitó a que le acompañase en esta presentación, me sentí muy halagada, pero con el temor de no saber reflejar cumplidamente sus méritos. Temores pudorosos, porque es luenga y remota la relación de amistad casi familiar  que me une a él. He procurado que ni la emoción ni el afecto perturbasen mi ecuanimidad. Pero hacia atrás veo el desfile lento y mudo de tantas décadas comunes en alegrías y tristezas, rostros pretéritos ya sigilosos y hacia adelante la espera del futuro escaso. La memoria sentimental revive inevitablemente escenas antiguas.
En este curso postrero de nuestros ríos, querido José Luis, las aguas avanzan en calma. El seguro azar de entonces vuelve a reunirnos: en aquel momento para augurar tu espléndida carrera literaria; ahora para dejar constancia explícita de tu labor, todavía larga de esperanza en el porvenir. Felicidades, amigo, y que nos sigamos viendo como cada día, porque como decía Sem Tob:
"Turable plazer puedo / dezir del buen amigo / lo que me diz entiendo, / e él lo que yo digo."

                                                             
Josefina Martínez Álvarez

Club de Prensa de La Nueva España. 21 de Diciembre 2011
                                                      

Ver la noticia en La Nueva España

martes, 3 de enero de 2012

TODAS LAS TRIVIALIDADES, de Logan Pearsall Smith



La infatigable búsqueda de una perfección inalcanzable (incluso aunque no sea más que aporrear las teclas de un viejo piano) es lo único que le da sentido a nuestra vida en este planeta.
*
La prueba por una vocación es el amor por la rutina que comporta.
*
Las musas son vírgenes vengativas, que se vengan, inexorablemente, de aquellos que se cansan de sus encantos.
*
El gran arte de la escritura consiste en hacer a las personas reales ante sí mismas mediante las palabras.
*
El estilo es una varita mágica: todo lo que toca lo convierte en oro.
*
Las palabras de los poetas tienen alas: ellos suben flotando sobre ellas las escaleras de los palacios.
*
Los buenos escritores deberían buscarle los cinco pies al gato juntos y, sentados los unos al lado de los otros, como amistosos simios, despiojar mutuamente su prosa.
*
La idea de ganar dinero con un libro de gran éxito popular y luego retirarse con los beneficios a escribir literatura seria, ésa es una de las trampas más habituales que el diablo tiende a los escritores.


Logan Pearsall Smith, Todas las trivialidades, trad. de Héctor Blanco, Oviedo, Trabe, 2010.

jueves, 29 de diciembre de 2011

GATOS SIN DUEÑO: Lorenzo Oliván presenta a José Luis García Martín


El pasado martes, 27 de diciembre, tuvo lugar la presentación del reciente libro de José Luis García Martín Arena y nada (La Grúa de Piedra), en el Museo de Arte Moderno y Contemporáneo de Santander. Les dejo con el texto que el poeta Lorenzo Oliván leyó a modo de presentación.

                                 Foto (Se Quintana) Diario Montañés

GATOS SIN DUEÑO

Hoy tengo el gusto de poder presentar en mi tierra (no es la primera vez que lo hago, pues también presenté hace años en el Aula de Letras su libro de poemas Al doblar la esquina) a un amigo que me acogió con mucha generosidad  en la suya durante siete años, en mi etapa de universitario.
            Así que he decidido hablarles de él primero desde una mirada entrañable, como si dijéramos con las gafas de la sola amistad,  y luego desde una mirada más neutra, con las gafas del crítico.



            CON LAS GAFAS DE LA SOLA AMISTAD

            Lo primero que tengo que decir es que José Luis García Martín resulta un amigo puñetero, picajoso, punzante, fustigador, enredador, liante, discutidor hasta el más puro delirio, un amigo en definitiva que te obliga a estar con la espada de la inteligencia y del ingenio desenvainada, siempre dispuesta al abordaje, si no quieres dejarte arrancar la piel a tiras, ser colgado del palo mayor o arrojado a los tiburones. Seguro que mis neuronas, en buena parte por él, se volvieron menos acomodaticias desde que lo conocí allá por 1987 (hace ya casi 25 años, qué vértigo),  y que tienen que agradecerle  el arte sutil de la conversación que le saca punta a todo,  esa conversación en la que uno jamás puede bajar la guardia, en la que se busca  la chispa, y la explosión de los argumentos enfrentados, por el bien de la intensidad, y por el bien, en expresión literaria, del ruido y la furia que no cesan y que hacen que la fiesta no decaiga jamás.
            Él ha contado muchas veces, y también lo cuenta en el prólogo del libro que presentamos hoy, el deslumbramiento que le produjo cuando tenía 14 años su visita a la primera biblioteca, que suponemos la del número 3 de la calle Jovellanos en Avilés. Sin ese descubrimiento no se entiende al Martín devorador de libros, y al Martín que los reinventaba y cambiaba en su cabeza porque sólo le dejaban sacarlos de uno en uno, y  porque existían los fines de semana y las vacaciones. Imagínense ese deslumbramiento de un adolescente y ahora imagínense a jóvenes de 18 y 19 años, con sus primeras y pedestres lecturas poéticas, a los que alguien como García Martín abre de par en par su biblioteca personal, repleta de la más variada poesía extranjera y española. Mis amigos y yo, poetas como José Luis Piquero, Pelayo Fueyo, Xuan Bello, Silvia Ugidos, Javier Almuzara y tantos otros, tuvimos a nuestro alcance, a esa edad crucial, una casa llena hasta los topes de poesía de todos los tiempos y lugares para hacer las delicias de cualquier paladar. Hay que decir al respecto, en contra de la imagen de dogmático que tienen de él algunos, que García Martín, al pedirle consejo sobre lecturas posibles, siempre nos recetaba, según el estilo o poética que viese en cada uno de nosotros, autores distintos, con los que pudiésemos sintonizar. Y en las celebraciones era asimismo el amigo que conoce bien tus gustos y elige el regalo mejor, la lectura que sabía que te tocaría más fibras sensibles.
            En aquella época, este temido crítico tenía asignada una página entera en el suplemento cultural del periódico principal de Asturias, La Nueva España. A menudo yo cambiaba las clases de los viernes en la Facultad de Filología por la lectura, en cualquier café de Oviedo, de esos apasionantes artículos. Y si había discrepancias o emocionada coincidencia de pareceres o dudas que se me habían creado, me acercaba a tomarme con él el segundo café de la mañana, éste bien conversado, en Los Porches. En la Facultad jamás me hablaron de Rilke, de Keats, de Kavafis, de Auden, de Eliot, de Larkin, de Eugenio de Andrade, de Pessoa (bueno, sí, una analfabeta que por no saber no sabía que Alberto Caeiro era un heterónimo). No digamos ya nada de escritores y poetas últimos. Sin embargo, por paradojas de la vida la Universidad ovetense malgastaba por entonces  la sabiduría de  García Martín teniéndole enseñando fonética o no sé qué otra rama de la lingüística en la Escuela de Magisterio.

            Supongo que él se vengaba  dando clases magistrales en las tertulias Oliver y San Remo, donde el que aquí les habla aprendió más de poesía que en todas las asignaturas y en todos los cursos de doctorado universitarios.
            La crítica suele estar empeñada en sumarle estatura a quien hace tiempo que ya no crece más y en restársela  a quien sí que está en edad de crecimiento. En ese contexto habitual, García Martín, muy juanramonianamente, siempre ha alentado a los jóvenes, ha puesto peros a los mayores, y ha enterrado a alguna que otra momia de olor rancio que, según otros, salía de su tumba en olor de multitudes. Donde el crítico corriente nunca se moja, él acostumbra a soltar un fresquísimo y sano chaparrón. A veces se le descubre contando sólo una media verdad, pero como contrapartida muchas veces es el único que se atreve a contar verdad y media.
            Se puede estar de acuerdo o en desacuerdo con lo que opina, con algunas de sus valoraciones del hecho poético o con su canon personal. Así y todo no creo que haya nadie que le pueda discutir su profundo conocimiento de la poesía, en especial de la de los últimos 111 años, por utilizar una cifra redonda, es decir, de la de todo el siglo XX y lo que llevamos del XXI.
            “Era duro estar solo, pero mucho más aún sentir vergüenza de estar solo”, dice en uno de sus poemas. Pese a tanta tertulia y tanta charla, pese a tanta crítica atrevida y demoledora, estamos ante un gran solitario y un gran tímido. De ahí su necesidad de fabricarse una segunda piel, una coraza; de ahí su pasión por Pessoa y los juegos de apócrifos. Cuando dirigía la revista Jugar con fuego más de uno felicitó a Ángel González o a Francisco Brines por poemas supuestamente de ellos que había escrito el propio García Martín.
            Hay un Martín chispeante, puñetero, sabio, sagaz, analítico, que es el que lleva brillantes gafas de miope y es el que mira hacia fuera. Pero a veces en la tertulia se quitaba las gafas un momento y con ellas un pedazo de máscara, y asomaba el rostro cansado, frágil, sensitivo, interrogante, angustiado del solitario que es. El que asoma en su mejor poesía, en títulos para mí indispensables como Treinta monedas o el citado Al doblar la esquina, esa poesía llena de monólogos dramáticos, esa voz llena  voces que nos hablan en silencio cuando uno, alejado del cliché en que nos encasilla un rol social, encerrado consigo mismo sólo puede hacer tertulia con su legión de fantasmas.
           


CON LAS GAFAS DEL CRÍTICO

            García Martín nos da el dato en la introducción de Arena y nada de que suele hojear al menos 5 libros al día, de los que acostumbra a leer uno en profundidad. Si multiplican esa cifra por 365 días y por, pongamos, 45 años la cifra que se obtiene es la de 82.125, libros de los que este lector voraz habla con algún mínimo conocimiento de causa o con muchísimo conocimiento de causa. Pero es que estamos ante un autor que ha practicado todos los géneros y que lleva más de medio centenar de títulos publicados entre poesía, ensayos, diarios, narrativa, teatro o traducciones. Sólo en este año 2011 han aparecido el conjunto de relatos Las noches de verano, la antología poética La aventura, el diario Para entregar en mano, Lecturas y lugares (entre el diario y el artículo literario) y el libro de versiones que hoy presentamos.
            No resulta de extrañar que una de las sombras tutelares de este escritor sea Borges, no sólo por su erudición, sino por la mezcla que se da en el maestro argentino de una erudición de verdad y de mentira.
            En su primera gran recopilación de versiones y traducciones, La Biblioteca de Alejandría, decía haberse inspirado en títulos harto significativos. Quédense con ellos : Versiones y diversiones de Octavio Paz o Aproximaciones de José Emilio Pacheco. Yo añadiría, aunque allí no se menciona, el de su amado amigo Víctor Botas, Segunda mano, en el que Botas arremetía contra los traductores fieles diciendo que la fidelidad en este terreno de la traducción suele denotar una clara impotencia.  En la misma dirección, García Martín afirma: “Los libros son material perecedero que necesita renovarse cada día. En materia de lectura no tengo nada de amante fiel, sino más bien de promiscuo don Juan” y se define como “sultán libidinoso que no se conforma con su nutrido harén”.
            Estamos ante una especie de gran caníbal de la poesía, que cree que cada lector ha de hacer de ella carne de su carne, en un acto desaforado de amor, que da riqueza al propio hecho poético.

            Por si alguno no se ha dado cuenta a estas alturas el escritor que hoy tenemos aquí es un tipo con carácter al que le gusta tener en todo la última palabra, y que ha hallado en este terreno de la traducción un campo perfecto para poner sus puntos sobre sus íes y para enmendarle la plana al más pintado. Si ya le he retratado antes inventándose poemas de Ángel González o de Brines, ¿cómo no va a inventarse poemas de autores lejanos en el espacio o el tiempo o incluso por qué no va a inventarse a los autores mismos? Sabemos por ejemplo que Yakamochi, al que aquí se le atribuye un poema titulado “Dentro y fuera”, fue un poeta japonés del siglo VIII, uno de los compiladores de la primera antología poética en la historia japonesa,  en la que él  transcribió, reescribió y rediseñó un número desconocido de antiguos poemas. García Martín no sólo reescribe y rediseña sino que va mucho más lejos. Para comprobar la labor de reescritura basta con comparar por ejemplo el poema dedicado por Antonio Beccadelli a una prostituta y el que nos encontramos en “Arena y nada”, con cambios, cortes importantes y modificación radical de la estructura originaria buscando un final más contundente. Pero aparte uno se pregunta si junto al Yakamochi real existieron o no Kon Myógum, Tu Chi Nang y tantos otros, o García Martín está jugando a engañarnos como a chinos. ¿Hemos de creer que en la Ville de Menton encontró un borrador inédito  de Jean Cocteau  que traduce coplas populares escuchadas durante sus estancias en Andalucía o estamos ante legítimos juegos de espejos que ya utilizaron en nuestra propia literatura Fernando de Rojas o Cervantes? Cada cual que haga sus apuestas, pero para despejar la incógnita deberían tener en cuenta que a este autor le apasionan las fantasmagorías y que por estas páginas cruza el fantasma de un tal Alvaro Fueyo que recuerda al poeta de carne y hueso Pelayo Fueyo, y aparecen unos supuestos poemas de Benito Soto, el pirata de Pontevedra, que el traductor duda que sean de Benito Soto y que atribuye más bien a  Alvaro Cunqueiro. “A veces traduzco la clase de poemas que nunca me atrevería a escribir”, dejó dicho en La Biblioteca de Alejandría. Y como una gran mascarada podría verse este conjunto, pero , ojo, recordando que la impunidad de las máscaras saca a la luz a menudo una personalidad encubierta. ¿Cuánto de dolorosa confesión martiniana puede haber por ejemplo en estos tres versos atribuidos a Cocteau? : Qué triste / tener siempre razón / y equivocarme en todo”

            Aparte de como gran amante caníbal de la literatura, García Martín se retrata también como un adicto a los amigos y un adicto a los viajes. “Estas vagas antologías temáticas se leyeron en una reunión de amigos que lleva celebrándose puntualmente cada viernes, desde hace más de treinta años”, nos advierte. Teniendo en cuenta que son diez las secciones, la estructura recuerda vagamente el Decamerón, con sus diez jornadas, aunque aquí no cuadren a diez composiciones por cada una. En esas reuniones para dejarse ser en amistad, como decía Gil de Biedma, la peste de la que se huye es de la soledad, porque, contradiciendo a Pessoa, la literatura para este poeta, como se nos indica en una de esas diez partes,  siempre ha sido su manera de no estar solo.  Los viajes, como digo, y el ensalmo de los nombres constituyes otras presencias reales e importantes en el libro. Aquí pasamos del cementerio lisboeta “Prazeres” a “Charing Cross Roud”, haciendo escala en Mondoñedo o una villa francesa. Por ahí asoma mucho el escritor de diarios que habita el Hotel "Universo".
            En definitiva, he aquí un libro tan ancho como el mundo y que abarca miles de años porque quien lo ha escrito sabe que el hombre, en las culturas más distantes, no varía en lo esencial. (Jardines de bolsillo. 3000 años de poesía tituló García Martín su anterior recopilación de versiones).  Un libro cuyo fin es convocar sombras (a menudo tramposas, a menudo chinescas) que lo que resaltan es el perfil, las obsesiones, las predilecciones de quien las saca a la luz.
Un fragmento de “Pabellón chinés” atribuido a Kenneth Rexroth, habla de “Gatos caseros, gatos vagabundos, todos gatos sin dueño”. Eso son todos los  poemas del mundo para este autor: gatos sin dueño, que él hace suyos  convertido en el rey de los gatos, en un gato sabio, experto, de  mirada penetrante y, sobre todo, en un gato  con muchas, muchísimas ganas de liar la madeja.
En el mundo de la literatura, ¿quién puede querer liebres pudiendo tener gatos? Dejen que este libro de versiones y diversiones les dé gato por liebre, aunque sólo sea porque los gatos resultan infinitamente más misteriosos. Jueguen con el fuego que hay en estas páginas. Jueguen con el juego mismo y díganme luego si el gasto (y el gato) de comprar y leer Arena y nada no ha merecido la pena.                                                                                                                                 
  LORENZO OLIVÁN. Santander. 27 de diciembre de 2011


José Luis García Martín, Arena y nada, Santander, La Grúa de Piedra, 2011.
Ver la noticia en El Diario Montañés

miércoles, 28 de diciembre de 2011

QUIETUD, de Sergio Fernández Salvador

Pocos poetas se presentan, en un primer libro, con la lección bien aprendida. Normalmente, la ópera prima, está llena de titubeos, deslices e indecisiones varias, pero este no es el caso de Sergio Fernández Salvador. En su Quietud (La Isla de Siltolá, 2011) aflora un poeta verdadero; con algún ligero tropiezo (léxico rebuscado y excesivamente retórico, para mi gusto), pero con paso firme y la vista puesta en el buen camino. Tal vez lo anecdótico de su nota biográfica (la que sólo nos dice su fecha de nacimiento y que se trata de su primer libro) favorezca esta formación de poeta que ha esperado el tiempo de maduración oportuno para dar a conocer su obra; muy alejado del impulso de publicar lo primero que se escribe, algo propio de los poetas jóvenes. No pretende Sergio Fernández Salvador ser un poeta novedoso y rompedor, si no, más bien, tradicional y muy apegado a su tierra leonesa. Nos regala buenos poemas como "Nocturno", "Larus Michaellis", "Nighthawks", "Per se", "Moneda última"... Y este "Vidas de las bolsas" al que le he cogido mucho gusto.




VIDAS DE LAS BOLSAS

Aquí en el vertedero donde juntas yacemos,
y de qué triste modo, con nostalgia pensamos
en nuestra breve historia.
                                      Nos diseñan,
nos prensan, nos estampan una marca
a la que nos debemos.
Y no es tan mala vida en un principio
la del supermercado o el videoclub,
en la espera anhelante de servir
con humildad a aquel que nos creó. Lo malo
comienza al consumarse aquel uso primero:
al imperio sujetas de la mano del hombre,
cuál de nosotras no sufrió en su día
desechos, maloliente calzado, ropa sucia,
por no hablar de otros trances
no menos humillantes y penosos.
                                                 Prolijo
sería detallar nuestra dispar llegada
a la desolación de este recinto,
hechas jirones, fétidas, ya tan solo alentadas
por la visión de aquellas compañeras
que supieron burlar a su destino
e ignorando fronteras, tiempo y mapas,
se elevan al azar con libertad de alondra.

Soberbia estirpe humana.
Nunca comprenderán
que alienta vida hasta en lo más pequeño.

Sergio Fernández Salvador, Quietud, Sevilla, La Isla de Siltolá, 2011.

sábado, 17 de diciembre de 2011

Presentación de ARENA Y NADA, de José Luis García Martín


El próximo miércoles, 21 de diciembre a las 19:00 horas, en el Club de Prensa de La Nueva España (Oviedo), tendrá lugar la presentación del libro Arena y nada (La Grúa de Piedra), de José Luis García Martín. Además de contar con la presencia del autor, intervendrán Josefina Martínez Álvarez (directora de la Cátedra Emilio Alarcos) y Luis Alberto Salcines (editor y director de La Grúa de Piedra).

viernes, 16 de diciembre de 2011

Antología personal, de José Cereijo



Ayer recibí el último libro de José Cereijo, Antología personal (Polibea, 2011), con lo que mis anaqueles albergan su obra completa hasta la fecha. Debo darle las gracias a José por semejante regalo. Siempre es gratificante  volver a su lectura y más, si cabe, al tratarse de una selección propia (y muy acertada) de su obra. Reúne, pues, textos de todos sus libros: Límites (colección Melibea, 1994), Las trampas del tiempo (Hiperión, 1999), La amistad sileciosa de la luna (Pre-Textos, 2003), Apariencias (Renacimiento, 2005) y Música para sueños (Pre-Textos, 2007). Precisas e inteligentes son las palabras con las que nos lo presenta Enrique García-Máiquez en el prólogo y también en sus Rayos y truenos.
Por desgracia esta inmejorable Antología personal no se distribuirá en librerías. Les dejo el enlace de la editorial por si alguien, seguro que muchos, quiere adquirir esta joya: Editorial Polibea (Pedidos)

sábado, 3 de diciembre de 2011

domingo, 27 de noviembre de 2011

Presentación de LAS NOCHES DE VERANO II



Para los que no estuvieron en la puesta de largo de Las noches de verano (La Isla de Siltolá, 2011) de José Luis García Martín, el pasado jueves en La casa del Libro de Sevilla, les dejo las palabras de la presentación de José Luis Piquero.

Presentación de Las noches de verano

Hace unos 80 años, varios escritores e intelectuales vinculados a Oxford empezaron a reunirse regularmente para hablar de literatura y contarse historias. Entre ellos figuraban C. S. Lewis, J. R. R. Tolkien, Owen Barfield o Charles Williams. Se dieron a sí mismos el nombre de Inklings, que significa indicios, presentimientos. La editorial Isla de Siltolá ha querido recuperar ese espíritu de intercambio, de discusión y de camaradería literaria con una colección de libros y el encuentro entre autores y lectores. Esta tarde presentamos la segunda entrega de esa colección, Las noches de verano, una colección de relatos a cargo de José Luis García Martín, poeta, crítico literario, narrador, columnista, polemista incansable, factor de nuevos creadores. Y muchas cosas más.
            Empezaré con una petición: créanse todas las historias que aparecen en Las noches de verano. Y eso porque toda mentira fictiva tiene algo de verdad, igual que en toda verdad hay mucho de ficción. Si A sangre fría es una novela real, no menos lo es Lolita. En la magia de la literatura todo es cierto.
            Dicho esto, y como hace el propio autor en su prólogo, les invito a participar en las tertulias de estas noches de verano, para hablar en medio de la oscuridad (se ha ido la luz) con una cerveza delante y una historia que contar. El conde de Brezoán les invita a su pazo, desde el que parten caminos invisibles que llevan a Venecia, a Lisboa o a Coney Island. Por aquí desfilan las figuras fantasmales de Pessoa, de Aleister Crowley o de Vicente Blasco Ibáñez, como si la muerte hubiese sido abolida, y se oye a Philippe Jaroussky cantando “L’heure exquise” o la voz de alguien que musita unos versos de Omar Jayyam: “Disfruta del momento: sólo dura un momento”.
            Porque este libro trata justamente de eso, de unos nuevos Inklings que se reunen una noche cualquiera para invocar fantasmas. ¿Que es un fantasma? Como escribió Joyce en el Ulises, “alguien que se ha desvanecido hasta ser impalpable, por muerte, por ausencia, por cambio de costumbres”. Y qué es la literatura sino una sesión de espiritismo, una llamada a la reencarnación de aquellos que han muerto o se han ausentado. Como los jóvenes nobles del Decamerón o los peregrinos de Canterbury, los Inklings de Las noches de verano se encierran para hacer literatura conversacional y espantar la soledad. Y sus historias abren inesperados laberintos y dan lugar a nuevas historias, como una muñeca rusa que se reproduce sin parar. Novelas dentro de novelas, mentiras y verdades. Literatura.
            Gracias a esa magia, asistimos a una gran fiesta en un palacete veneciano, junto a Paul Morand, el Agha Khan, Jean Cocteau o Lady Churchill; nos paseamos por el gran despacho de Benito Mussolini, que al fondo de la estancia, ajeno a nuestra presencia, permanece enfrascado en sus papeles; o nos refugiamos en una quinta de las afueras de Lisboa, huyendo de una guerra cercana, protegidos por un talismán, una piedra azul que también representa la literatura, la salvación, la evasión de una realidad menos acogedora que la realidad fictiva. Todo eso y mucho más es lo que encontrará el lector en Las noches de verano. Una tertulia de amigos a la que todo el mundo está invitado.
            Unas palabras sobre su autor y sobre mí mismo. Hace más de veinticinco años me recibió en su casa y tuvo a bien leer mis primeros esbozos poéticos. Desde entonces, su magisterio y su amistad, nada complacientes sino exigentes y rigurosos, no han cesado y puedo afirmar que mi dedicación a la literatura se la debo a él. Así que es un honor acompañarle hoy en Sevilla y, por una vez, darle yo la palabra, pues ese es justamente el regalo que él me entregó y nos entrega en cada nuevo libro: la palabra. Gracias por todo, Martín.

José Luis Piquero
Sevilla, 23 de noviembre de 2011 

martes, 22 de noviembre de 2011

Presentación de LAS NOCHES DE VERANO


Este jueves en la Casa del Libro de Sevilla, José Luis García Martín presentará su último libro, Las noches de verano, perteneciente a la colección "Inklings" de Ediciones La Isla de Siltolá. Colección que trata de rescatar el espíritu de la tertulia Inklings, formada por escritores y académicos vinculados a la Universidad de Oxford entre los años 30 y 60 del pasado siglo. En estas reuniones cada miembro debía leer en voz alta composiciones inéditas, normalmente poemas o relatos breves, que eran criticadas inmediatamente por los contertulios. La editorial La Isla de Siltolá (posiblemente la que hoy en día más volúmenes de poesía publica) no solo ha rescatado el término, también el alma. Los libros de esta colección serán presentados en un acto público y posteriormente leídos ante un círculo cerrado de invitados.
Por desgracia, creo que me perderé el inteligente debate entre García Martín y José Luis Piquero, que hará de maestro de ceremonias.

jueves, 17 de noviembre de 2011

Entrega de los Premios del I Concurso Literario Universidad de Oviedo


El Vicerrectorado de Extensión Universitaria, Cultura y Deportes tiene el gusto de informarle de que mañana, día 18 de noviembre, a las 12 horas en La Tienda Universitaria (Edificio Histórico, C/ San Francisco, 1. Oviedo), tendrá lugar el acto de entrega de los Premios del "I Concurso Literario Universidad de Oviedo" a Diego Llorente por su obra Balas, Premio de Relato Corto, y a José Luis Sevillano por su obra La victoria en la derrota, Premio de Poesía.

lunes, 14 de noviembre de 2011

Entrevista a Pelayo Fueyo en La Voz de Asturias

 Pelayo Fueyo, en un parque gijonés. Armando Álvarez.

Les enlazo con la entrevista a Pelayo Fueyo que aparece en la edición digital de La Voz de Asturias

jueves, 3 de noviembre de 2011

PODEROSA ESTIRPE. Exposición de Jorge Cecchini

Mañana, 4 de noviembre, en la sala de exposiciones del hotel Meliá de la Reconquista de Oviedo, se inaugura la exposición de esculturas en cerámica del artista Jorge Cecchini, titulada "Poderosa estirpe" (del 4 al 27 de noviembre).



Luis Cruz ofrece en el catálogo de esta exposición, organizada por la Galería Ángulo, un acercamiento a la obra del artista:

La Construcción del Mito

Desde la blanca majestad de sus tronos la real pareja observa imperturbable en el tosco refinamiento de su primitivismo eterno. Provenientes de un tiempo legendario, llegadas de remotos territorios, regidas por crueles taliones, las esculturas de Jorge Cecchini nos confrontan crudamente con la emocionalidad más primaria, con las pasiones arraigadas en lo más profundo del inconsciente del género humano. Cumbre de una estirpe de heróicos guerreros ciclópeos que los escoltan, señores de vastos dominios en una bullente tierra aún en formación, avezados en una precaria supervivencia caníbal, estos reyes constituyen la encarnación pétrea de una mitología personalísima fundada en los sentimientos primigenios del hombre.

Curioso de las relaciones de poder, el artista recorre las representaciones de la autoridad en sus atributos simbólicos más visibles. Los relatos que protagonizan estas figuras conforman el corpus narrativo que sustenta el mundo del creador, donde se manifiestan sus preocupaciones íntimas: el orden sucesorio de las dinastías familiares; la insumisión frente al sometimiento y la lucha prolongada hasta la liberación. Héroes sacrificados, juicios y condenas a los vencidos, torturas sufridas con una entereza que sólo se agota con la muerte, doncellas castigadas por concebir hijos de sus enemigos y ocasionar el exterminio de su propio linaje. Mitos extraídos de diferentes tradiciones, tamizados por la estética del sufrimiento, toman forma en el universo del escultor y son base de las historias que viven sus personajes.

Jorge Cecchini, de ferviente vocación temprana estimulada por algunos miembros de su entorno familiar, se forma a sí mismo libremente, al margen de corrientes estéticas y de escuelas artísticas, aparte de las enseñanzas regladas. Las obras que ahora conocemos son producto de su búsqueda durante el último lustro, período extenso en el que encuentra su expresión propia y su mirada particular. Años de investigación con el material refractario hasta conseguir texturas y resistencias satisfactorias. Años de trabajo con color y esmaltes a altas temperaturas hasta lograr acabados terrosos en mate o brillos metálicos de bronce, fructifican en las piezas elegidas de entre sus numerosas creaciones de esta última etapa.

Su plástica bebe simultáneamente de distintas fuentes antiguas y modernísimas. Desde el arcaismo cicládico, el primitivismo austral, el expresivismo africano y los diferentes expresionismos medievales hasta el Expresionismo pictórico del s.XX y la Abstracción Orgánica británica que hace fluidas las figuras humanas y las descompone en sus volumenes básicos. Influenciado por el “barbarismo neoclásico” del maestro Anthony Caro, nuestro escultor se adentra en la exploración de la figura exenta dando rienda suelta al brutalismo volumétrico de los cuerpos en la fusión de los mismos con elementos de soporte y objetos simbólicos de estatus (personajes , tronos, coronas, armas, bastones de mando, etc.)

Lo aquí expuesto incluye placas horizontales que reproducen escenas de grupo. Acabados bruñidos en grises contrastan con variados colores primarios que recorren los abruptos fondos como ríos de lava; uso del colorido con una carga simbólica que alude a las experiencias vividas por los protagonistas de las mismas. Figuras de formas orgánicas y rugosidad parduzca, criaturas que evocan animales pertenecientes a una fauna desconocida. El autor, al hablar de sus propias esculturas se refiere a ellas como “reyes, mujeres, guerreros, vírgenes, cristos”… denominaciones llenas de sentido cuando son incorporadas por estas creaciones. Las deformidades de los miembros y su coloración, el gigantismo de las extremidades, especialmente pies y enormes manos como garras, expresan las emociones que las poseen y las sensaciones que las invaden: dolor, recogimiento , tranquilidad, superioridad, etc. Estos seres gritan desesperados, aúllan ante el sufrimiento que padecen, se debaten alzando sus cabezas retorcidas, escrutan implacables y juzgan despiadados.

Las piezas de mayor formato, en esmaltado brillante y colores verdes, tríada de estados anímicos femeninos, se repliegan sobre sí mismas o giran elevándose altivas sobre su eje; componen una serie breve que contrasta con las cavidades de enormes ojos vacíos y pequeño tamaño, siempre tres, que contemplan una maternidad heróica. Finalmente las “cabezas”, obras últimas, guerreros cubiertos con celadas empenachadas de colores vibrantes, pesan como vestigios geológicos de ejércitos arrasados.

Los mitos de Jorge Cecchini contienen una fuerza psicoanalítica que conmina al espectador a sumergirse en su propia interioridad para sentir las pulsiones que agitan al hombre y mediatizan sus acciones.

LUIS CRUZ

Presentación de EL CIELO DE LAS COSAS, de Pelayo Fueyo




Hoy jueves, 3 de noviembre, a las 19:00 horas, en el Club de Prensa de La Nueva España, se presenta el último libro de Pelayo Fueyo, El cielo de las cosas (Krk, col. Mala Letra), posiblemente -como bien dice José Luis Piquero- el mejor poeta asturiano del momento. Intervendrán, además del autor, Miguel Alarcos, profesor de la Universidad de Oviedo; Álvaro Ruiz de la Peña, miembro del Consejo editorial de la colección de poesía "Mala Letra", y César Inclán, de Krk Ediciones.

martes, 1 de noviembre de 2011

TENGO UNA CITA CON LA MUERTE



Bajo el título Tengo una cita con la muerte se recoge una selección de poemas de autores muertos en la I Guerra Mundial. Los antólogos Borja Aguiló y Ben Clark, a quienes debemos este magnífico trabajo, han confeccionado este libro a partir de Up the Line to Death. The war Poets 1914-1918 (Methuen Publishing Ltd, 1964), recopilando a veintidós poetas que, además de compartir trinchera, acudieron a una cita temprana (prácticamente todos ellos murieron antes de cumplir los treinta años) con la muerte. Pero antes tuvieron la delicadeza de dejar escrito el horror de la contienda en unos estremecedores poemas.
Mi admirado Rupert Brooke comparte batallón con los no menos estimables Wilfred Owen, Edward Thomas, Alan Seeger y Leslie Coulson. Algunos de los datos sobre los poetas, que configuran el colofón del volumen,  son escalofriantes:

JEFFERY DAY (1 de diciembre de 1896-27 de febrero de 1915). Aviador. Derribado por seis aviones enemigos, amerizó con éxito, pero no pudo ser rescatado. Murió a los 24 años.

WILLIAM NOEL HODGSON (3 de enero de 1893-1 de julio de 1916). Héroe de la batalla de Loos. Murió el primer día de la batalla del Somme a consecuencia de los disparos de una ametralladora alemana que le perforó el cuello. Tenía 23 años.

WILFRED OWEN (18 de marzo de 1893-4 de noviembre de 1918). Murió durante el cruce del canal Sambre-Oise apenas una semana antes del fin de la guerra. Tenía 25 años.

ALAN SEEGER (22 de junio de 1888-4 de julio de 1916). El autor del poema que le ha dado título a este libro nació en Nueva York y murió en Belloy-en-Santerre, animando a gritos a sus compañeros a seguir avanzando mientras el yacía herido de muerte por los disparos de seis ametralladoras. Tenía 28 años.

CHARLES HAMILTON SORLEY (19 de mayo de 1895-13 de octubre de 1915). Recibió un disparo de un francotirador en la cabeza durante la batalla de Loos. Murió a los 20 años.

Casi cien años después, en esta apacible sobremesa (con una copa de oporto, una buena pipa y el Adagio para cuerdas de Samuel Barber, de fondo), tengo una cita con todos ellos.