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lunes, 20 de febrero de 2017

jueves, 3 de julio de 2014

Centenario de Joan Vinyoli

Me entero, gracias al blog de Jorge Ordaz, de que hoy se cumplen cien años del nacimiento del poeta catalán Joan Vinyoli; un poeta al que, anteriormente, ya di cuenta en este blog: aquí y aquí.

Joan Vinyoli 
(Barcelona, 3 de julio de 1914- 30 de noviembre de 1984)


MATINADA MORADA AMB FÀBRIQUES

Morir, dormir, no sé
con agafar el nou dia, fred
monyó morat, jo inapent,
amb la pipa que em penja de la boca
de pescador rendit.
                              Cal molt coratge
per enfrontar-se amb una
fràgil hora naixent; de totes,la primera,
la més difícil,
que ja després anem acostumant-nos
a l´ofici de màquina: serrem
el dia a trossos, cada sec tauló
surt polit de la serra; l´agafem,
ens el posem a l´espatlla,
per molt ample que sigui, tant
com per a suportar la feixuguesa
de qui després ens passa pel damunt.

                                        de Encara les paraules



MADRUGADA MORADA CON FÁBRICAS

Morir, dormir, no sé
cómo tomarme el nuevo día, frío 
muñón morado, yo inapetente,
con la pipa que cuelga de mi boca
de pescador rendido.
                                  Hace falta coraje
para enfrentarse a una
frágil hora naciente,la primera de todas,
la más difícil,
que nos acostumbramos ya después
al oficio de máquinas: aserramos
a pedazos el día, y cada seco
tablón sale pulido de la sierra;
lo cogemos y al hombro nos lo echamos,
por muy ancho que sea, lo bastante
para que aguante el peso
de quien después nos pasa por encima.

                                    traducción de Carlos Marzal y Enric Sòria. 


Joan Vinyoli, Y que el silencio queme por los muertos (Antología poética),  trad. de Carlos Marzal y Enric Sòria, Pre-Textos, Valencia, 2010.

jueves, 24 de junio de 2010

Passing-shot

Hoy la noticia deportiva no está en el mundial de fútbol. El protagonismo se lo llevan -o deberían llevárselo- dos jóvenes tenistas sobre la hierba de Winbledon. Ninguno es un número uno -ni lo serán-, tampoco tendrán -seguramente- posibilidades de ganar un Grand Slam en su carrera. Sin embargo, entre ayer y hoy, han escrito sus nombres en la historia del tenis profesional. La hazaña: jugar un partido de más de 11 horas. Me tiemblan las piernas con sólo ver el resultado. Y es que yo soy incapaz de pasar más de tres horas sobre una pista de tenis. Lo que no sé es lo que aguantaría Joan Vinyoli.

PASSING-SHOT

Largo tiempo instalado
en esta plataforma de los sueños
desfibrados y estériles, sin trama,
tan diferente al juego
de cada día en la pista,
rojiza, apisonada,
donde rebotan cada vez, durísimas,
las pelotas furiosas que me lanzan
mis contrarios.
Intento, como un loco,
correr hacia la red, llegar al fondo,
levantarme, agacharme, dar un salto,
nunca flexible, fuerte, nunca a tiempo
de devolver todos los passing-shots
que sin parar me tiran.

Ya sé que tengo
perdida la partida, que de nada
me servirán los breves
momentos de descanso entre los juegos,
la húmeda toalla
que te baña la frente,
algún vaso de tónica o de té
-ni pensar en el dóping:
ya es tarde para eso.
Y me digo: ¿qué haré
con los restos de vida que me quedan
demasiados gastados, tan inútiles
para seguir el juego?
Ya lo sé: hasta el último día
correré a duras penas, renqueando.
Y no sabré o no tendré valor
para acabar sin gritos ni lamentos.

Nuevamente me instalo
en mi pequeña plataforma
de sueños, cada vez
más frágil, siempre a punto
de despertar del todo y dar
en tierra.


Joan Vinyoli, Y que el silencio queme por los muertos, trad. de Carlos Marzal y Enric Sória, Valencia, Pre-Textos, 2010.


martes, 23 de junio de 2009

La medida de un hombre

Lo bueno que tienen algunos autores es la devoción que muestran por sus maestros. De Juan Luis Panero se pueden decir muchas cosas, pero el respeto que guarda a sus ídolos literarios es incuestionable. A través de su lectura, he conocido a Scott Fitgerald, Pavese, Rulfo, Cavafis, Cernuda y,ahora, a Joan Vinyoli. De La medida de un hombre esperaba lo propio de un maestro de Panero: una poesía de intención metafísica, de raíz simbolista, propensa a la elegía, y con un tono que roza lo áspero. No me ha defraudado en absoluto, sino todo lo contrario, ya que ha colmado, con creces, mis expectativas. Los primeros versos del libro son un buen ejemplo de lo que busco en un poema: Faltan cipreses cerca de la tumba/ de mi amigo, laureles en su frente...
A lo largo de esta antología, el poeta va ahondando en su decir, mostrándonos todas sus preocupaciones existenciales y exhiviendo una voz desalentada con el paso de los años. Destacaré el poema "Vendrá la muerte" del libro De dominio mágico, en el que se palpa esa desazón de la voz lírica:

Vendrá la muerte y los ojos me arrancará:
ver entonces otro firmamento.
La finitud es un barco varado,
la hortaliza que como no tiene gusanos,
el silencio que impregna de clarores.
La muerte es puramente un cambio más.

En definitiva, una obra que ayuda a enterderse a uno mismo y de la que no deja idiferente tras su lectura.

Joan Vinyoli, La medida de un hombre, (ed. bilingüe), trad. de Lourdes Güel y Frernando Valls, Madrid, Cátedra, 1990.