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sábado, 31 de enero de 2015

Pequeños placeres

Momentos inesperados que me colman de placer: como rescatar ejemplares olvidados, con la cubierta descolorida por el tiempo, en los almacenes de las librerías.


Time present and time past
Are both perhaps present in time future,
And time future contained in time past.

T. S. Eliot, Four quartets, Faber & Faber, London, 1988.

viernes, 1 de octubre de 2010

Función de la crítica, por T. S. Eliot



Leo la obra ensayística de T. S. Eliot: sencillamente fantástica. De las muchas ideas provechosas, me quedo con las siguientes:

"Una función de la crítica -y no me refiero a los grandes críticos ni a los clásicos de la crítica, sino preferentemente al que escribe una reseña, antes de manera anónima y ahora con más frecuencia con la publicidad de la firma, aunque rara vez con la satisfacción de que se le pague mejor-, una función de la crítica, repito, es actuar como una especie de engranaje que regula el coeficiente de cambio del gusto literario. Cuando el engranaje se atasca y los críticos que escriben las reseñas se quedan paralizados en el gusto de la generación precedente, hay que desmontar inexorablemente la máquina y volverla a montar; cuando el engranaje patina y el crítico acepta la novedad como criterio suficiente de la excelencia, es necesario parar la máquina y reajustarla. El efecto de una y otra deficiencia en la máquina es que se provoca una división entre los que no ven nada bueno en lo nuevo y los que no ven nada bueno en todo lo que no sea nuevo: de esa forma, se acelera la vetustez de lo antiguo y la excentricidad e incluso charlatanería de lo nuevo. Ese fallo de la crítica tiene también como efecto situar al escritor serio ante una disyuntiva: o escribir para un público demasiado numeroso o escribir para un público demasiado reducido. Y lo curioso es que el resultado de una y otra opción es recompensar lo efímero."

Fragmento extraído de "Los clásicos y el hombre de letras". Alocución presidencial en la Asociación Clásica de Cambridge, 15 de abril de 1942.


T. S. Eliot, Criticar al crítico, trad. de Manuel Rivas Corral, Madrid, Alianza, 1967.

lunes, 23 de agosto de 2010

El "New Criticism" norteamericano


Me encanta comprar libros de segunda mano; sobre todo los que traen el Ex-libris del anterior propietario, o el sello de la librería donde fue adquirido, o alguna dedicatoria, o, simplemente, la fecha de la compra. Últimamente, en los libros que consigo en una librería de lance de Gijón, me encuentro con recortes de periódico de los años 70, siempre referidos al libro en sí. Debían pertenecer a un lector atento, al que agradezco su detalle. 


T. S. Eliot, Criticar al crítico, trad. de Manuel Rivas Corral, Madrid, Alianza, 1967.
Guillermo de Torre, "El New Criticism norteamericano", en ABC, 17-septiembre, 1970.

martes, 1 de diciembre de 2009

Poética

... toda expresión y toda frase
es un fin y un comienzo,
todo poema es un epitafio.

de Cuatro cuartetos


Si tuviera que definir mi poesía a modo de poética, acabaría citando estos maravillosos versos de T.S. Eliot.

viernes, 30 de octubre de 2009

Recomendaciones II

Ayer por la tarde un amigo mío, colega de versos, después de leer mi entrada "Recomendaciones" me envió un e-mail llamándome mentiroso. Decía que yo siempre ando recomendando los mismos autores: que si Wilde por aquí, Housman por acá, Eliot por allá. Que si me pongo pesado con Cereijo, lo mismo que con Martínez Mesanza y no menos con Wolfe, ... que si no callo la boca con el "triunvirato asturiano" de Almuzara, Fueyo y Piquero... y qué decir de los Panero: Juan Luis y Leopoldo (padre, claro), que parece que ya formo parte de la familia. En definitiva: que soy un pesado. Y es verdad, estos nombres son dignos de recomendar a cualquiera; siempre y cuando el cualquiera tenga un mínimo de gusto literario. Por ejemplo, si estos nombres se los citas a unos anónimos redactores de un blog de crítica literaria -de cuyo nombre no es que no quiera acordarme es que sencillamente no me acuerdo- que pulula por la red, seguro que son incapaces de ver la grandiosidad que hay tras los versos de estos insignes apellidos. Y es que, a veces, la mediocridad ciega, y mucho.

Esto me recuerda que hace años -creo que unos cinco- Sofía Castañón me pidió que recomendara tres libros en su programa "Señalados". Para ser políticamente correcto, recomendé un libro por género. Pic-nic, de Arrabal; Cuentos, de Oscar Wilde y Autopsia, de José Luis Piquero. A día de hoy, los seguiría recomendando; e incluso añadiría El fin de semana perdido -del que daré cuenta otro día-, en el que Piquero completa su magnífica Autopsia.

A continuación ofrezco, sin que valga de precedente, una lista de la que para mí es la mejor obra de los autores antes citados:



-Oscar Wilde, La importancia de llamarse Ernesto, trad. de Luis Antonio de Villena, Madrid, Visor,1995.
-A.E. Housman, A un joven atleta muerto, trad. de Juan Bonilla, Valencia, Pre-Textos, 1995.
-
T. S. Eliot, Cuatro cuartetos, trad. de José María Valverde, Madrid, Alianza, 1999.
-José Cereijo, Las trampas del tiempo, Madrid, Hiperión, 1999.
-Julio Martínez Mesanza, Europa, Sevilla, Renacimiento, 1986.
-Roger Wolfe, Días sin pan, Sevilla, Renacimiento, 2007.
-Javier Almuzara, Constantes vitales, Madrid, Visor, 2004.
-Pelayo fueyo, Parábola del desertor, Madrid, Hiperión, 1997.
-José Luis Piquero, Monstruos perfectos, Sevilla, Renacimiento, 1997.
-Leopoldo Panero, Escrito a cada instante, Granada, Comares, 2007.
-Juan Luis Panero, Juegos para aplazar la muerte, Sevilla, Renacimiento, 1984.