Como todos los años, en la madrugada del viernes para el sábado, tuvo lugar el recital poético de la Semana Negra. Este año, contó con la mayor presencia de autores asturianos: Antón García, José Luis García Martín y Vanessa Gutiérrez acompañaron al ya habitual Luis García Montero. "Tenéis que acompañarme, es un acto maravilloso, 600 personas en silencio escuchando poesía a esas horas" nos dice uno de los poetas a Ángel y a mí; y como nos temíamos, ni 600 personas de público ni silencio inmaculado. Eso sí, el recinto estaba lleno, que ya es mucho para la hora que era, la 1:00 am. Pese a su inevitable ausencia, el espíritu de Ángel González (alma máter del evento) estuvo presente.
José Luis García Martín, como viene siendo habitual en él, no se resistió en recitar uno de sus poemas favoritos (en el vídeo de arriba) que le acompaña desde el colegio. Emotivo resultó el homenaje a su maestra de escuela, Sara Suárez Solís.
- 11.00 h. Salón de Actos de la Biblioteca "Emilio Alarcos Llorach" (Campus de Humanidades de El Milán - Oviedo). Recital en Homenaje a Miguel Hernández, con la participación de los escritores D. Francisco Brines, D. Luis García Montero y Dª. Aurora Luque; la Directora de la Cátedra Alarcos, Dª. Josefina Martínez y el profesor del Dpto. de Filología Española D. José Luis García Martín. Esta actividad está organizada por la Cátedra "Emilio Alarcos Llorach" de esta Universidad.
Se hace duro volver al trabajo después de un mes de vacaciones. No sabía cómo reincorporarme al blog: de qué o de quién hablar, para empezar, en este nuevo curso. Así que, desechando posibles opciones, me propongo comenzar con un poema de Luis García Montero (en el que la anécdota bien pudiera haberme pasado este verano). Estos versos forman parte de mi antología personal, esa que va conmigo a todas partes.
PRIMER DÍA DE VACACIONES
Nadaba yo en el mar y era muy tarde, justo en ese momento en que las luces flotan como brasas de una hoguera rendida y en el agua se queman las preguntas, los silencios extraños.
Había decidido nadar hasta la boya roja, la que se esconde como el sol al otro lado de las barcas.
Muy lejos de la orilla, solitario y perdido en el crepúsculo, me adentraba en el mar sintiendo la inquietud que me conmueve al adentrarme en un poema o en una noche larga de amor desconocido.
Y de pronto la vi sobre las aguas. Una mujer mayor, de cansada belleza y el pelo blanco recogido, se me acercó nadando con brazadas serenas. Parecía venir del horizonte.
Al cruzarse conmigo, se detuvo un momento y me miró a los ojos: no he venido a buscarte, no eres tú todavía.
Me despertó el tumulto del mercado y el ruido de una moto que cruzaba la calle con desesperación. Era media mañana, el cielo estaba limpio y parecía una bandera viva en el mástil de agosto. Bajé a desayunar a la terraza del paseo marítimo y contemple el bullicio de la gente, el mar como una balsa, los cuerpos bajo el sol. En el periódico el nombre del ahogado no era el mío. de Habitaciones separadas.