Una vez terminada la lectura de Lengua de madera (La isla de Siltolá), de Hilario Barrero, dan ganas de volver a las primeras páginas y empezar de nuevo. Porque no hay poema en esta antología de poesía breve en lengua inglesa (de 300 páginas) que no sea un descubrimiento, un fugaz chispazo de buena poesía. A través de la selección podemos aprender dos cosas del autor: primero, que es un lector paciente y perseverante, ya que se nota que le ha llevado un largo tiempo de trabajo: sobre la recopilación, prácticamente no falta autor de renombre, y la traducción, estando sujeta al original, no está encorsetada; y, segundo, posiblemente estamos ante uno de los mejores conocedores de la poesía norteamericana contemporánea, que es el grueso del volumen. Muchos son los poemas a destacar, pero me decido por un bonito fogonazo de Jack Gilbert:
EN DESPRESTIGIO DE LA POESÍA
Cuando al rey de Siam no le gustaba un cortesano
le regalaba un hermoso elefante blanco.
La milagrosa bestia merecía tal ritual
que cuidarla correctamente significaba la ruina.
Pero cuidarla incorrectamente era peor.
Y parece que el regalo no se podía rechazar.
trad. de Hilario Barrero
Hilario Barrero, Lengua de madera. Antología de poesía breve en inglés, Sevilla, La Isla de Siltolá, 2011.
Querido amigo, yo también tengo entre las manos la antología de Hilario Barrero y comparto cada una de tus palabras. Es verdad que Claudio Rodríguez desconfiaba del poema breve y de su vulnerable impresión fugaz. Pero incluso en unos cuantos versos habita lo permanente. ¿Qué me dices del poema "Escogiendo un lector" de Ted Kooser? Un abrazo.
ResponderEliminarMe alegra saber que compartimos la misma opinión, estimado J. L. Morante. Por lo que he visto en diferentes blogs, "Lengua de madera" está recibiendo numerosas y buenas críticas. Sin duda es un libro bien curioso y de lectura gratificante. El poema de Kooser, por el que me preguntas, era uno de los que había barajado para colgarlo en esta entrada. Me encanta la ironía final.
ResponderEliminarUn abrazo
Muchas gracias a los dos.
ResponderEliminarHilario
Una sugerencia, para los que aún no hemos tenido ocasión de leer el libro: ¿por qué no reproduces el poema de Kooser para que también nosotros podamos conocerlo? Seguro que vale la pena.
ResponderEliminarYa he colgado, en el post siguiente, la traducción de Hilario al poema de Kooser. Espero tu valiosa opinión.
EliminarOpinión ya puesta en la entrada correspondiente, que aquí amplío: es, seguramente, el que más me gusta de todos los que (gracias a ti, y a otros blogueros) conozco ya. Es una de esas ideas que a uno le gustaría haber tenido.
EliminarMe alegro que te guste.
EliminarPara gatoflauta,que lee los poemas en sus amigos los blogueros, este poema de Kooser de su libro Delicias y sombras,(Pre-textos).
ResponderEliminarEn la sala de oncología
Dos jóvenes, que supongo son sus hermanas,
la ayudan a llegar a la puerta abierta
que conduce a las salas de reconocimiento.
Cada una se dobla bajo el peso de un brazo
y camina con el porte recto y resistente
del coraje. A lo que debe parecer
una gran distancia, una enfermera sujeta la puerta,
sonriendo y dando ánimos.
¡Cuánta paciencia despliega en las almidonadas velas blancas
de su uniforme!. Bajo su gracioso gorro de lana
la enferma se esfuerza para ver
el balanceo de sus pies, cómo se arrastraban
mientras recibe el peso de su cuerpo.
No hay ni inquietud ni impaciencia
ni rabia a la vista. La gracia
llena el molde limpio de este momento
y guardan silencio las hojas de todas las revistas.
Gracias al Arcipreste por el bellísimo poema. No es cierto que lea "los poemas en mis amigos los blogueros" (cosa rigurosísimamente excepcional); los leo en los libros, a los que soy (me temo, a estas alturas) adicto sin remedio. Pero si el que él crea otra cosa me ha de valer detalles como éste, no me quejaré: todo lo contrario.
ResponderEliminargatoflauta pense, erroneamente, que era usted un indignado (gato pero indignado) sin empleo, viviendo en la calle y sufriendo de las inclemencias del tiempo (si vive en zona fria, :) Me alegra saber que tiene usted siete vidas y un techo...
ResponderEliminarUn abrazo cordial,
hb
Todos sufrimos las inclemencias del Tiempo (que también tiene sus clemencias). Pero yo tengo para comer, para vivir y para leer. Respecto a la indignación..., puedo comprenderla, pero mi temperamento no me inclina mucho a ella. Gracias por el poema, y por el abrazo, al que desde aquí correspondo.
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