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jueves, 11 de febrero de 2016

"No es fácil escuchar a lo real". Un poema de José Cereijo



No es fácil escuchar a lo real,
cuya voz es tan leve
y que dice cosas tan precisas.
No es fácil amarlo como quiere ser amado,
sin debilidad y sin abuso.
No es fácil vivir;
morir tampoco es fácil.
Pero quien escucha, sin embargo, oye.
Pero quien ama, sin embargo, aprende.
Y la realidad está siempre ahí,
silenciosa, esperando.

José Cereijo

 Los dones del otoño, Pre-Textos, 2015. 

viernes, 16 de diciembre de 2011

Antología personal, de José Cereijo



Ayer recibí el último libro de José Cereijo, Antología personal (Polibea, 2011), con lo que mis anaqueles albergan su obra completa hasta la fecha. Debo darle las gracias a José por semejante regalo. Siempre es gratificante  volver a su lectura y más, si cabe, al tratarse de una selección propia (y muy acertada) de su obra. Reúne, pues, textos de todos sus libros: Límites (colección Melibea, 1994), Las trampas del tiempo (Hiperión, 1999), La amistad sileciosa de la luna (Pre-Textos, 2003), Apariencias (Renacimiento, 2005) y Música para sueños (Pre-Textos, 2007). Precisas e inteligentes son las palabras con las que nos lo presenta Enrique García-Máiquez en el prólogo y también en sus Rayos y truenos.
Por desgracia esta inmejorable Antología personal no se distribuirá en librerías. Les dejo el enlace de la editorial por si alguien, seguro que muchos, quiere adquirir esta joya: Editorial Polibea (Pedidos)

lunes, 7 de junio de 2010

Lectura de José Cereijo

El poeta José Cereijo leyó en el recital "6 poetas 6" el 21 de febrero de 2009 en la taberna Abanda en Madrid. Merece la pena.




domingo, 2 de mayo de 2010

TRANSPARENCIA, de José Cereijo

Cuando uno es joven, tiene frecuentemente sueños que no se parecen gran cosa a la existencia real, de la que son una especie de suplemento, de redención o de condena; en todo caso, una huida. A medida que pasan los años, sin embargo, esa capacidad de distanciarse se va perdiendo, y los sueños se acercan progresivamente a la realidad, de la que apenas les separa ya un velo cada vez más tenue. Quizás un día soñemos con lo mismo que nos rodea: la propia cama, la habitación, el primer sol que entra por los huecos de la persiana. Nos levantaremos una vez más, nos perderemos, como siempre, por los viejos pasillos de la casa. Alguien entonces llamará, ya inútilmente, al médico, o a la policía.




José Cereijo, Apariencias, Renacimiento, Sevilla, 2005.

viernes, 30 de octubre de 2009

Recomendaciones II

Ayer por la tarde un amigo mío, colega de versos, después de leer mi entrada "Recomendaciones" me envió un e-mail llamándome mentiroso. Decía que yo siempre ando recomendando los mismos autores: que si Wilde por aquí, Housman por acá, Eliot por allá. Que si me pongo pesado con Cereijo, lo mismo que con Martínez Mesanza y no menos con Wolfe, ... que si no callo la boca con el "triunvirato asturiano" de Almuzara, Fueyo y Piquero... y qué decir de los Panero: Juan Luis y Leopoldo (padre, claro), que parece que ya formo parte de la familia. En definitiva: que soy un pesado. Y es verdad, estos nombres son dignos de recomendar a cualquiera; siempre y cuando el cualquiera tenga un mínimo de gusto literario. Por ejemplo, si estos nombres se los citas a unos anónimos redactores de un blog de crítica literaria -de cuyo nombre no es que no quiera acordarme es que sencillamente no me acuerdo- que pulula por la red, seguro que son incapaces de ver la grandiosidad que hay tras los versos de estos insignes apellidos. Y es que, a veces, la mediocridad ciega, y mucho.

Esto me recuerda que hace años -creo que unos cinco- Sofía Castañón me pidió que recomendara tres libros en su programa "Señalados". Para ser políticamente correcto, recomendé un libro por género. Pic-nic, de Arrabal; Cuentos, de Oscar Wilde y Autopsia, de José Luis Piquero. A día de hoy, los seguiría recomendando; e incluso añadiría El fin de semana perdido -del que daré cuenta otro día-, en el que Piquero completa su magnífica Autopsia.

A continuación ofrezco, sin que valga de precedente, una lista de la que para mí es la mejor obra de los autores antes citados:



-Oscar Wilde, La importancia de llamarse Ernesto, trad. de Luis Antonio de Villena, Madrid, Visor,1995.
-A.E. Housman, A un joven atleta muerto, trad. de Juan Bonilla, Valencia, Pre-Textos, 1995.
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T. S. Eliot, Cuatro cuartetos, trad. de José María Valverde, Madrid, Alianza, 1999.
-José Cereijo, Las trampas del tiempo, Madrid, Hiperión, 1999.
-Julio Martínez Mesanza, Europa, Sevilla, Renacimiento, 1986.
-Roger Wolfe, Días sin pan, Sevilla, Renacimiento, 2007.
-Javier Almuzara, Constantes vitales, Madrid, Visor, 2004.
-Pelayo fueyo, Parábola del desertor, Madrid, Hiperión, 1997.
-José Luis Piquero, Monstruos perfectos, Sevilla, Renacimiento, 1997.
-Leopoldo Panero, Escrito a cada instante, Granada, Comares, 2007.
-Juan Luis Panero, Juegos para aplazar la muerte, Sevilla, Renacimiento, 1984.