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jueves, 22 de abril de 2010

Baroja: políticamente incorrecto

Goethe

Si en el Parnaso hacen una milicia de genios, Goethe tendrá que ser el tambor mayor. Tan grande, tan majestuoso, tan sereno, tan lleno de talentos, tan lleno de virtudes,y, sin embargo..., tan antipático.

Víctor Hugo

O la más genial de las retóricas; Víctor Hugo, o la más exquisita de las vulgaridades; Víctor Hugo,o el buen sentido disimulado del arte.

Stendhal

El inventor del autómata psicológico movido por máquina de relojería.

Poe

La esfinge misteriosa que hace temblar con sus ojos de lince; el orfebre de maravillas mágicas.

Flaubert

Flaubert es animal de pata pesada. Se ve que es normando. Toda su obra tiene mucho peso específico;a mí me fastidia. Uno de los hallazgos de Flaubert es el haber ideado el tipo de Homais,
el boticario de Madame Bovary. Yo no veo que Homais sea más estúpido que Flaubert; tal vez sea menos.

Los realistas españoles

Los realistas españoles de la misma época son para mí el colmo de lo desagradable. El más antipático de todos ellos es Pereda. Leerlo me parece ir sobre una mula caprichosa y resabiada que marcha con un trotecillo incómodo y hace cabriolas amaneradas a estilo de caballo de circo.

Clarín

De Clarín, de quien algunos amigos míos hablan con entusiasmo, yo tengo mala opinión. Como hombre, me parece que debió ser un envidioso; como novelista lo encuentro pesado y triste; como crítico no sé que tuviera un acierto.


Pío Baroja, Juventud, egolatría, Madrid, Caro Raggio, 1985.

viernes, 31 de julio de 2009

Siempre nos quedará Baroja


Estos días -parafraseando a Roger Wolfe- he hundido las narices en Baroja: su prosa me sirve bien. Y es que, después de leer varias novelas que no alcanzan las buenas expectativas que había depositado en ellas, no hay nada mejor que volver, de vez en cuando, a la prosa de don Pío. Volver, cómo no, a esa "galería de inadaptados" -como bien acuñaría Luis Martín Santos-, esa tropa de personajes barojianos con los que tanto me identifico.

Así que, fijando la vista hacia mis anaqueles, encontré tal deseado remedio. De las novelas de Baroja siempre he tenido preferencia por Camino de perfección. Me encanta el protagonista, ese Fernando Ossorio que, como buen "Quijote", se lanza a la aventura, recorriendo los senderos y montes madrileños, sin pensar en qué le deparará el camino. Sin embargo, en esta ocasión, hundí mis narices en Aurora roja, cuyo prólogo recoge buena parte de las características del personaje, típico, barojiano. Ese individuo que rompe con el sistema y parte a la aventura de la vida, dejando atrás a la civilización moderna, con la única compañía de su espíritu, que va forjándose a cada paso, mientras se adentra en la "madre tierra", en la sencillez y miseria de la vida campestre; ese personaje que, recorriendo los parajes cervantinos, se encuentra a sí mismo.

Y, además, resulta reconfortante poder disfrutar del de San Sebastián en las maravillosas ediciones de Caro Raggio. Esas ediciones, que parecen más de otra época, en las que se muestra todo el esplendor de la familia Baroja.




Pío Baroja, Aurora roja, Madrid, Caro Raggio, 1994.
Pío Baroja, Camino de perfección, Madrid, Caro Raggio, 1993.