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miércoles, 22 de marzo de 2017

Todo lo imperecedero


We have found safety with all things undying,
The winds, and morning, tears of men and mirth...

Rupert Brooke

martes, 1 de noviembre de 2011

TENGO UNA CITA CON LA MUERTE



Bajo el título Tengo una cita con la muerte se recoge una selección de poemas de autores muertos en la I Guerra Mundial. Los antólogos Borja Aguiló y Ben Clark, a quienes debemos este magnífico trabajo, han confeccionado este libro a partir de Up the Line to Death. The war Poets 1914-1918 (Methuen Publishing Ltd, 1964), recopilando a veintidós poetas que, además de compartir trinchera, acudieron a una cita temprana (prácticamente todos ellos murieron antes de cumplir los treinta años) con la muerte. Pero antes tuvieron la delicadeza de dejar escrito el horror de la contienda en unos estremecedores poemas.
Mi admirado Rupert Brooke comparte batallón con los no menos estimables Wilfred Owen, Edward Thomas, Alan Seeger y Leslie Coulson. Algunos de los datos sobre los poetas, que configuran el colofón del volumen,  son escalofriantes:

JEFFERY DAY (1 de diciembre de 1896-27 de febrero de 1915). Aviador. Derribado por seis aviones enemigos, amerizó con éxito, pero no pudo ser rescatado. Murió a los 24 años.

WILLIAM NOEL HODGSON (3 de enero de 1893-1 de julio de 1916). Héroe de la batalla de Loos. Murió el primer día de la batalla del Somme a consecuencia de los disparos de una ametralladora alemana que le perforó el cuello. Tenía 23 años.

WILFRED OWEN (18 de marzo de 1893-4 de noviembre de 1918). Murió durante el cruce del canal Sambre-Oise apenas una semana antes del fin de la guerra. Tenía 25 años.

ALAN SEEGER (22 de junio de 1888-4 de julio de 1916). El autor del poema que le ha dado título a este libro nació en Nueva York y murió en Belloy-en-Santerre, animando a gritos a sus compañeros a seguir avanzando mientras el yacía herido de muerte por los disparos de seis ametralladoras. Tenía 28 años.

CHARLES HAMILTON SORLEY (19 de mayo de 1895-13 de octubre de 1915). Recibió un disparo de un francotirador en la cabeza durante la batalla de Loos. Murió a los 20 años.

Casi cien años después, en esta apacible sobremesa (con una copa de oporto, una buena pipa y el Adagio para cuerdas de Samuel Barber, de fondo), tengo una cita con todos ellos.

martes, 3 de noviembre de 2009

The Soldier, by Rupert Brooke

THE SOLDIER

If I should die, think only this of me:
Taht there´s some corner of a foreing field
That is for ever England. There shall be
In that rich earth a richer dust concealed:

Adust whom England bore, shaped, made aware,
Gave, once, her flowers to love, her ways to roam,
A body of England´s, breathing English air,
Washed by the rivers, blest by suns of home.

And think, this heart, all evil shed away,
A pulse in the eternal mind, no less
Give somewhere back the thoughts by England given;

Her sights and sounds; dreams happy as her day;
And laughter, learnt of friends; and gentleness,
In hearts at peace, under an English heaven.


La primera vez que me encontré este poema fue en Poesía inglesa del siglo xx (Llibros del pexe, 1993), una versión de Carlos Clementson, la cual no me produjo una grata impresión. Sin embargo, muchos años después este poema vuelve a mis ojos, esta vez, en una versión del poeta canario Domingo Rivero; poeta por el que tengo predilección. A partir de este momento y hasta la fecha, no ha dejado de cautivarme.

EL SOLDADO, DE RUPERT BROOKE

Si yo muero, pensad esto sólo de mí:
que allí donde me entierren habrá un rincón de tierra
extraña, que será para siempre Inglaterra.
El polvo generoso que ha de esconderse allí

el ser debió a Inglaterra que maternal le dio
flores que amar y sendas que recorrer, un día,
y un cuerpo todo suyo, pues de su aire vivía,
lo bañaron sus ríos y su sol lo curtió.

Y pensad que este pecho, de mal purificado,
hará con ritmo eterno, donde muera el soldado,
brotar los pensamientos porque Inglaterra es;

sus campos, sus rumores, ensueños de ventura,
y risas aprendidas de amigos, y ternura
en pechos que atesoran paz, bajo un cielo inglés.


(versión de Domingo Rivero)

Un amigo mío, conociendo mi cariño por este poema, me envió una versión del mismo -para sorpresa mía- por otro de mis poetas preferidos: Leopoldo Panero.

EL SOLDADO
(Rupert Brooke)

Si es que muero, esto sólo pensad, tan sólo esto:
que algún rincón cualquiera de alguna tierra extraña
es ya Inglaterra siempre. Mis huesos habrán puesto
su puñado de polvo de otra tierra en la entraña.

Polvo a quien dio Inglaterra forma, palabra, gesto;
sus flores para amarlas, para andar su campaña;
vaho mortal y polvo de Inglaterra compuesto,
que en sol se bendice y en sus aguas se baña.

Y pensad que ya limpio de todo mal el hueso,
pulso vital, el alma derrama la abundancia
que Inglaterra le diera con generoso exceso:

su dulce sueño alegre, su música y fragancia;
la risa entre los labios de la madre; y el beso
de un corazón que duerme, bajo el cielo, en su infancia.


Esto demuestra, en parte, la coherencia de mi gusto. Y es que la mayoría de mis autores favoritos mantienen unos lazos muy estrechos a pesar de la distancia temporal. Esto -me parece- que se llama tradición. Espero, algún día, formar parte de la misma.



Poesía inglesa del siglo veinte, ed. de José Luis García Martín, Gijón, Llibros del pexe, 1993.
Domingo Rivero, Yo, a mi cuerpo y otros poemas, Barcelona, Acantilado, 2006.
Leopoldo Panero, Obras completas, ed. de Juan Luis Panero, Madrid, Editora Nacional, 1973.