EL HOMBRE SOLO
Recordar algo significa verlo
-sólo ahora- por primera vez
Cesare Pavese
El hombre solo escucha el silencioso
maquinar de la ciudad, el ronco
sucederse de las gentes, como rosas
que la muerte aproxima al sucio hotel.
El hombre solo mide la lentitud
del cuarto, agitado consume
las polvorientas sábanas, escucha,
escucha el hombre solo
un palpitar ajeno y, sin embargo,
familiar: unas cuantas mujeres,
casi casi la misma infiel mujer,
llegan pronto y entran, como nubes,
en la cama. Mujeres como colinas,
como colinas verdes que rezuman
una infancia de luz, fugaz, amarga,
campesina. Con ellas, el hombre solo
conjura la sordidez de la memoria:
recordarlas significa -ahora
que acecha el fin- verlas por vez primera,
naufragar en sus pechos, pero sufrir,
pero sufrir también por vez primera
el dolor duro y eterno de su engaño
(mujer que no traiciona no es mujer).
El hombre solo estruja en el corazón
su memoria, el hombre solo bebe,
el hombre solo vela con ansiedad
el teléfono. Los demás ya no están.
Los demás están muertos.
Es necesario un gesto, callar,
no escribir más, retirarse a vivir
a las negras colinas de la muerte,
comulgar con la muerte.
Descifrar, en la muerte,
la frágil oquedad de su mirada.
Leopoldo Sánchez Torre, Lugares comunes, Sevilla, Renacimiento, 1991.
Mostrando entradas con la etiqueta Cesare Pavese. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Cesare Pavese. Mostrar todas las entradas
miércoles, 1 de septiembre de 2010
domingo, 15 de agosto de 2010
OFICIO DE VIVIR, de Marcos Tramón
18 de agosto 1950
Ed è subito sera
S. Quasimodo
En estas calles oscurece
como oscurece en los paisajes
donde fui niño.
Como una irrealidad,
como lúcida interpretación
de una vida,
de pronto anochece.
Antes de que oscurezca otra mañana,
antes de que caiga el alba,
decido con palabras
de despedida un gesto en el diario.
Marcos Tramón, Los días que te explican, Gijón, Llibros del Pexe, 2001.
Ed è subito sera
S. Quasimodo
En estas calles oscurece
como oscurece en los paisajes
donde fui niño.
Como una irrealidad,
como lúcida interpretación
de una vida,
de pronto anochece.
Antes de que oscurezca otra mañana,
antes de que caiga el alba,
decido con palabras
de despedida un gesto en el diario.
Marcos Tramón, Los días que te explican, Gijón, Llibros del Pexe, 2001.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)