No tienes nombre. Hemos luchado contigo todo el día, y ahora se acerca la noche, la oscuridad de la que surgimos buscando; anónimo, te retiras y nos dejas curando las contusiones y huesos dislocados.
No hay remedio para el fracaso del lenguaje. Los físicos nos dicen cuánto mides, los químicos los ingredientes de tu pensamiento. Pero nadie dice quién eres, ni por qué habrías de abordarnos en las inocentes marchas de vocabulario y azotarnos con tu silencio. Morimos, morimos sabiendo que resistes infinitamente en la frontera del gran poema.
R. S. Thomas, Antología poética, trad. de Misael Ruiz Albarracín, Gijón, Trea, 2008