Cada cierto tiempo vuelvo a Faulkner o, mejor dicho, recaigo en Faulkner. Vuelvo al sur, a la Yoknapatawpha enigmática, decadente y paradójica. Vuelvo a meterme en su enredadera: esa prosa extensa, profunda, kilométrica. Épica, patrimonio, amor, envidia, honor y muerte. Voces que se mezclan sin saber de dónde vienen ni a quienes corresponden, pero que te llevan a su antojo como si una fuerza hipnótica te hubiera poseído.
William Faulkner, ¡Absalón, Absalón!, trad. de Beatriz Florencia, Alianza, Madrid, 1971.
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lunes, 29 de septiembre de 2014
jueves, 12 de julio de 2012
jueves, 17 de junio de 2010
Homenaje a Faulkner
En estos días, estoy planificando mis lecturas veraniegas. Como casi siempre por estas fechas, me propongo leer, al menos, una novela de mi amado Baroja y otra de mi querido Faulkner: dos que nunca defraudan. La última lectura que hice del norteamericano me sugirió el siguiente poema:
AS I LAY DYING
La vida es un trayecto hacia la tumba.
Un cadaver postrado en el camino
en medio de la farsa de este mundo.
El póstumo homenaje familiar,
la odisea hecha en caja de madera
que recorre el sendero de los muertos.
Un soliloquio en plena despedida,
la honra en una patética carreta.
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