Oigo caer las piedras que arrojamos, transparentes como el cristal a través de los años. En el valle vuela la confusión de las acciones del instante, vociferantes, de copa a copa de los árboles, se callan en un aire más tenue que el presente, se deslizan como golondrinas desde una cima a otra de las montañas, hasta alcanzar las mesetas ulteriores, hasta las fronteras del ser. Allí caen todas nuestras acciones claras como el cristal hacia un fondo que no existe sino en nosotros mismos.