Nochebuena y las doce en el reloj. "Ahora estarán todos de
rodillas", dijo alguién entre los mayores cuando junto a las brasas, en
bandada, todos nos reuníamos en el cómodo
hogar.
Imaginábamos aquellas mansas, apacibles criaturas en la paja de su redil: ni se nos ocurría dudar de que estuviesen de rodillas.
Un capricho tan limpio, en estos
años, pocos lo tramitarían. Todavía si alguién dijese en Nochebuena: "Vamos a ver los bueyes de
rodillas,
dentro de la cabaña solitaria de aquel valle lejano que solíamos visitar en la infancia", con él iría por la oscuridad esperando encontrármelos así.
Thomas Hardy, Poemas, trad. de Joan Margarit y Sam Abrams, Comares, Granada, 2001.