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viernes, 24 de agosto de 2012

HOMENAJE, de Víctor Botas



Esta lluvia ritual. Esta tristeza
(tan mía) del otoño...
                                  Lentamente
va dejando la tarde sus colores
ciegos, en el jardín.
                                He aquí el momento
propicio para el libro en que buscamos
la pregunta. La hora de las mágicas
palabras:
               Las leyendas
de Grecia; las de Roma;
el verso en que perdura la caricia;
aquel amor insólito que alguien
encontró en cualquier parte
y fue el comienzo
o el fin de una tristeza;
Copérnico, en la noche; la terrible
cara del General, teñida en rojo,
en el día del Triunfo,
un día que hoy es sólo
un poco de silencio y una cosa
perdida entre las páginas de un viejo
códice o que celebra,
con áspero metal, una moneda;
los inquietantes ojos
del enigma;
la negra cabellera enamorada;
el abrazo imposible
de la Venus
de Milo;
              La destreza de Orión;
los pasos (circulares) del anillo
de la anónima mano del orfebre
a la otra (más quieta) del cadáver;
el siglo de las luces; las perdidas
batallas del Islam; una más íntima:
tus dudas, incesantes; ese ídolo
tan precario: la ciencia;
                                      (alguien dijo
ser imagen de Dios: falta su nombre);
las manos que Ejnatón puso en el disco
solar;
la huella de los remos en el agua;
la huella de los renos en la nieve;
los ojos de Minerva;
                                 el filisteo
mordiendo el polvo último; la piedra:
la noche del insomnio y, en la noche,
una mujer sin cara que recibe
el cuerpo que no quiere;
la mirada del Sátrapa, buscando
los serenos crepúsculos de Nínive;
el espacio y el tiempo; lo que nunca
tendré: el tacto ardiente
de tu boca en la sombra;
los asesinos nazis;
los otros asesinos, en Oriente;
tantos que irán de uno
en uno, por las calles,
a mi lado;
la cabeza amputada de Pompeyo;
las lágrimas de César.
                                   Cuántas cosas.

Me acerco a la ventana:
                                       un hombre cruza
(el paraguas al brazo) la mojada
avenida de álamos.
                               Ignoro
quién puede ser. No importa.
                                               Me parece
que él tampoco sabrá
por qué extraña razón se está muriendo.

                                       Víctor Botas. 24 de agosto de 1979.

lunes, 23 de julio de 2012

De segunda mano

El domingo en el rastro del Fontán compré de segunda mano Segunda mano, de Víctor Botas. 

Esto no es una fiel antología de textos más o menos venerables, more universitario. Mis veleidades eruditas -por otra parte nunca del todo claras- hace tiempo que duermen en un polvoriento anaquel de la Universidad. Esto es -así lo espero- un libro vivo y, sobre todo, un libro mío: sólo habla de mí. Con él no pretendo sino recuperar ciertos poemas (ya irán viniendo otros) que, por razones bastante misteriosas, siempre me produjeron la sensación de haberme sido pisados por sus autores. Por lo tanto, es, también un libro vengativo: ahora les doy una segunda mano a estos poemas que, en algunos casos, ya eran de segunda mano (porque yo -que me perdonen los muchos sabios de mi generación- no consigo entender nada de chino, descifro el griego peor que malamente y en el latín me muevo con torpeza de pato entre amapolas); los reescribo a mi modo, y se los birlo así a los Horacio, a los Li Po,a los Donne..., y santas pascuas.
La felicidad, en ocasiones, lejos de ser una virtud, no es más que una impotencia.

 Víctor Botas
Oviedo, 8 de septiembre de 1981


Víctor Botas, Segunda mano, Gijón, Ediciones Noega, 1982.